Duelo por muerte
José González, Psicólogo Especialista en Procesos de Duelo


¿Por qué es tan difícil aceptar la muerte de un ser querido?
Hay varias razones.
El duelo es una sensación de pérdida sin posibilidad de reparación. Además, nuestra sociedad es tanatofóbica. Nos crían, educan y forman de espaldas a la muerte, a la enfermedad y a las emociones desagradables pero necesarias en todo proceso de duelo: negación, enfado, tristeza, culpa.
Como dolientes, nos resulta difícil encontrar personas y espacios para poder expresar estas emociones. Sentimos que no nos permiten estar tistes, enfadados. O que, si nos lo permiten, lo cortocircuitan en cuanto pueden.
Lucía perdió a su padre hace 6 meses: “Siento que, en cuanto me pongo a llorar, incomodo a mis hermanos y a mi pareja. Intentan equivocadamente animarme sin darse cuenta que lo único que necesito es que me escuchen. En terapia puedo vomitar todo lo que siento sin sentirme juzgada ni empujada hacia ningún sitio. Aquí me siento legitimada para poder sentir”.
La terapia de duelo, de la mano de un profesional especializado y con experiencia, es el lugar donde poder transitar y vivenciar todas esas emociones para poder elaborar el proceso de duelo de una manera sana y eficiente.
La muerte de alguien importante cambia nuestra manera de relacionarnos con los demás, con el mundo y con nosotros mismos. En la terapia de duelo no solo se trabaja el duelo principal, sino también los duelos secundarios (aquellos vínculos con familiares y amigos que nos decepcionan y quedan dañados tras la pérdida), así como las pérdidas acumuladas (duelos previos que no se habían elaborado suficientemente).
Javier acudió a terapia tras la muerte de su madre dos meses antes: “Tras tres meses en terapia, me he dado cuenta que no solo me duele la muerte de mi madre, también me molesta que mi hermano esté volcado en salvar la empresa familiar, como si lo económico fuera lo único importante. Además, he tomado consciencia de lo mucho que echo de menos a mi padre. Murió hace nueve años y creía que lo tenía superado, pero últimamente pienso en él tanto o más que en mi madre, es un duelo que creo que cerré en falso. Estoy convencido de que, aunque a veces sea dura, la terapia en duelo me ayuda a entenderme mejor a mí y a los que están a mi alrededor, a decidir mejor y a poder integrar las pérdidas y vivir con más libertad”.
Nadie sabe más de tu proceso de duelo que tú mismo. Como psicólogo especialista en duelo mi papel es el de copiloto: pondré a tú disposición todas las herramientas, dinámicas ejercicios y actitudes que, en mis más de 20 años de experiencia, han sido útiles a los 22000 dolientes que he tenido la fortuna de acompañar, pero tú como piloto me tendrás que ayudar a personalizarlo para que seamos lo más eficientes en nuestro trabajo.
Trabajaremos, cuando sea necesario:
- El itinerario del duelo(link)
- “Bereavement”
- Sensación, percepción de evitabilidad
- Toma de consciencia: continuo negación-evitación-aceptación
- Protesta emocional
- Futuro no vivido
- Duelos secundarios
- Espejo roto
- Los dos vectores del doliente
- Actualización del software relacional
- Lazos continuos – gracias y perdón (o no)
- Conocerte tras la muerte
Las fases y tareas ( link)
Las circunstancias perimortales:
Laura, perdió a su padre por Covid-19: “Sueño una y otra vez con la última vez que vi a mi padre. Le acompañé al hospital y aunque se me pasó por la cabeza que quizás fuera la última vez que vería a mi padre, no fui capaz de decirle nada”.
La relación con la persona fallecida:
María Luisa, cuidadora principal de su madre con Alzheimer, fallecida hace 6 años: “Cuándo murió mi madre, llevaba cuatro años dedicada casi exclusivamente a cuidarla. Antes de enfermar no tuvimos una relación fácil, era muy estricta y, aunque supongo que quería lo mejor para mí, condicionó mucho mis decisiones y parte de mi inseguridad tiene que ver con su autoridad. Cuando la enfermedad degeneró, me ocupé de ella sin darme cuenta que dejé de ocuparme de mí.
Solo después de acudir a terapia con José fui capaz de entender que me podía enfadar con una época de mi infancia y adolescencia y sentir ternura por su etapa más vulnerable. Ahora, con el paso de los años, y siendo yo también madre y ahora abuela, me doy cuenta de lo difícil que es criar adecuadamente. Siento gratitud, perdón y paz”.
La intervención y el acompañamiento profesional en duelo reconducen el proceso a un duelo normal, evitando el duelo complicado y crónico, atenuando el dolor y evitando un sufrimiento innecesario.
El objetivo no es olvidarme del ser querido sino aprender a integrarlo con una tristeza sostenible, que me permita seguir viviendo y relacionándome con los demás y conmigo mismo de una manera más sana y plena.
